Lo que Google aprendió intentando crear el equipo perfecto #AdQualisRecomienda

¿Existe el equipo perfecto?

El trabajo moderno es grupal. Muchas organizaciones han entendido que premiar y apostar por trabajadores de manera individual ya no funciona. De hecho, algunos estudios demuestran que la gente acostumbrada a trabajar en equipo tiende a conseguir mejores resultados. Pero, ¿qué rasgos componen este equipo pefecto, ese dream team?

el equipo perfecto / AdQualis Executive Search

Imagen: freepik.com

A menudo, tendemos a idealizar las cualidades que atribuimos al equipo perfecto: profesionales con perfiles similares, un nivel de exigencia alto y, sobretodo, una capacidad de concentración muy elevada. Sin embargo, algunos grupos que cumplen con estos requisitos pueden fracasar mientras otros, formados por gente totalmente distinta y sin rasgos en común, pueden ser exitosos.

En este contexto, os recomendamos este artículo de Charles Duhigg, ganador de un premio Pulitzer, para el New York Times. El texto explica el Proyecto Aristóteles, nombre en clave de un interesante estudio que Google realizó hace 5 años con la voluntad de buscar rasgos comunes entre sus equipos más exitosos.

La compañía se centró en la búsqueda del equipo perfecto con la voluntad de proyectar la fórmula del éxito al resto de grupos. Por eso, su departamento de People Operations estudió cientos de ejemplos para discernir porque algunos funcionaban y otros se habían hundido.

Por ejemplo, observaron con qué frecuencia se reunían los grupos, si acostumbraban a comer juntos, con qué frecuencia se socializaban los compañeros fuera de la oficina, si tenían los mismos hobbies o si sus trayectorias formativas eran similares.

A medida que el estudio avanzaba, los investigadores se dieron cuenta de que los resultados no eran esclarecedores. No importaba cómo intentaran organizar los datos: era prácticamente imposible encontrar patrones comunes.

Finalmente, localizaron dos comportamientos que compartían todos los buenos equipos. En primer lugar, los miembros participaban en las reuniones durante el mismo tiempo. Algunos equipos se organizaban mediante exposiciones largas y detalladas. Otros dejaban fluir las ideas a modo de brainstorming.

En segundo lugar, detectaron que los buenos equipos compartían una sensibilidad social por encima de la media. Es decir, tenían una empatía que les permitía ponerse en el lugar del otro y, por lo tanto, entender mejor su postura.

A finales de 2014, los investigadores del Proyecto Aristóteles decidieron difundir su trabajo entre los 51.000 empleados de Google. Creyeron que, pese a no tener resultados concluyentes, podía ser interesante que cada trabajador se formara su propia opinión.

El éxito se construye a través de experiencias

En este sentido, el artículo de Duhigg destaca el caso de Matt Sakaguchi, directivo intermedio de la compañía con un perfil poco habitual para un empleado de Google. Veinte años atrás, Sakaguchi había sido miembro de una patrulla SWAT y no tenía conocimientos de ingeniería. Al conocer el estudio, quiso participar con su grupo y los resultados fueron descorazonadores: no funcionaban como equipo.

Para intentar solucionarlo, Sakaguchi reunió al grupo e hizo que cada uno de ellos explicara algo sobre su vida personal. Empezó él: desde hacía meses luchaba contra un cáncer en estadio IV. La información dejó descolocados a sus compañeros que, pese a haber trabajado junto a él durante un año, no tenían ni idea de su estado de salud.

Poco después, el resto del equipo también empezó a relatar historias sobre su vida: desde rupturas difíciles a más problemas de salud. Gracias a la sinceridad, la efectividad del equipo se incrementó.

La paradoja, explica Duhigg, es que la intensa recolección de datos de Google les llevó a las mismas conclusiones que los buenos directores siempre han tenido en cuenta: en los mejores equipos, los miembros se escuchan los unos a los otros y muestran sensibilidad a los sentimientos y las necesidades.

El proyecto, en definitiva, nos recuerda que cuando una compañía intenta optimizarlo todo, a menudo olvida que el éxito a veces se construye a través de experiencias.

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